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Entre la enorme cantidad de cosas que hay que hacer para preparar una boda, una de las primeras, como es lógico, son las invitaciones.

Yo tenía muy claro que quería que las invitaciones de nuestra boda fueran algo diferentes, originales, y que tuvieran parte de nosotros.

Tenía más o menos claro cuál quería que fuera el estilo, me apetecía mucho algo rústico y una acuarela.

 

Para una ocasión tan especial, pedí consejo a Bea Gaspar de Con botas de agua. Ya lo intuía, pero ahora puedo confirmarlo: ¡Bea es un encanto!
Me dirigí a ella porque recordé que en algún momento había puesto una acuarela en la que su familia aparecía de espaldas. Era una acuarela muy simple, pero preciosa. Resultó ser de Jorge Bayo, quien tiene un proyecto genial que se llama yolopinto. Me encantó su propuesta, además de lo simpático que me pareció él, pero necesitaba una foto, ¡y yo no tenía foto de lo que quería! De tener la foto, hubiera sido perfecto contar con él. ¡Para la próxima ocasión!

No podía esperar mucho más, así es que me lancé a pintar por primera vez. Tuve que preguntarle 10 veces a Niko si realmente le gustaba… Y esa primera y última acuarela que he dibujado hasta el momento resultó ser la protagonista de nuestra boda.

 

Es completamente imperfecta, pero refleja perfectamente como somos: Niko y yo, su trompeta y mi flauta travesera, mi bici, y un camino por recorrer.

 


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Puse los nombres y la fecha entre puntitos de color limón y redactamos un pequeño texto sobre nosotros para el reverso.

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Con una troqueladora, realizamos etiquetas en las que ponía un link a la página web de la celebración, con información para quienes venían de fuera sobre alojamiento y detalles del lugar.

Con un hilo de color amarillo limón de Baker’s Twine, del color de los puntitos que acompañan nuestros nombres, decoramos el tarjetón con flores secas y atamos las etiquetas.

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Busqué un tipo de letra que me gustara e imprimimos los sobres en la impresora de casa.

 

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La verdad es que tuvo su trabajo, pero mereció mucho la pena. Disfruté muchísimo haciendo las invitaciones, (probablemente Niko diga que fue un tostón, porque me ayudó muchísimo) pero yo me quedo con la satisfacción de un trabajo hecho a mano…¡y con mucho cariño!

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